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Tus niños molan. 5 consejos para que los grabes bien ;)

September 13, 2016

​Estrenamos blog y empezamos por lo importante, la pregunta que más me preguntan y las respuestas más sencillas y prácticas para que nadie se vuelva loco intentando ponerse creativo. Otro día tocará hablar de trucos que nos ayuden a grabar con la mejor calidad posible, pero hoy se trata de qué grabar cuando queremos captar la esencia de nuestros niños.

Porque, ya lo decimos siempre, los niños molan (si son los tuyos más, claro). Así que centrémonos en ellos, y dejemos la parafernalia audiovisual para los que saben.

 

 

1. Lo importante son ellos. Además de verlos, hay que mirarlos ¡Acción!

 

Y eso significa esperar. Esperar a que alguno ría, se tire por el suelo, haga una payasada... Tenemos que grabar y esperar a que llegue la acción, que no siempre pasa justo cuando damos al rec, de hecho casi nunca es así. Esto requiere paciencia y dejar el móvil quieto ¡Quietooo!

Porque a menudo estamos ocupados gritando "Manolitooo!! Mira aquí, repite eso tan gracioso que acabas de hacer!" Y Manolito no lo va a repetir, y si lo hace no será tan guay como la primera vez, pero es que además estará movido y borroso porque tú andas gritando a Manolito y agitando la mano para que te escuche.

​En cualquier peli, en las tuyas también, tienen que pasar cosas. Más abajo concretaremos algunas. Por lo que, además de saber esperar, tenemos que saber mirar.

 

 

2. Escuchemos. Su voz es bonita, única e importante

 

Que me está quedando profundo esto... Suena abstracto, pero es tal cual suena. Escuchar a los niños (a cualquiera) en un vídeo casero le otorga un valor añadido tremendo. Grabamos para tener recuerdos, y toda la fuerza que tiene el vídeo como elemento de recuerdo sobre la fotografía se basa en dos cosas: el movimiento y el sonido.

Dentro de 20 años escucharemos esas lenguas de trapo y esos gritos agudos que ahora no soportamos y se nos caerá la lagrimita. Un día dejan de usar sus frases más recurrentes, les dará vergüenza reír a carcajadas, o esa voz chillona y genuina se convierte en un vozarrón irreconocible.

Pues grabemos y grabemos sus voces sin parar! Quien dice sus voces no dice el ruido insoportable de un camión y de fondo al niño susurrando, atentos.

Audio de calidad, porfaplis. Y si la imagen es mala, para eso está Pimpampelis, lo apañamos y lo dejamos niquelado.

 

 

3. La entrevista funciona, siempre funciona.

 

Muchas veces oigo en los vídeos caseros a una madre motivada audiovisualmente que repite sin parar: "Di algo, Pepita, di algo, aquí en la camaraaa". Preguntemos, charlemos con los enanos. Igual que lo hacemos a la hora de cenar -y si no es el caso, nunca es tarde para empezar- hagamos preguntas con interés sincero y escuchemos (sí, escuchar, de nuevo) la respuesta, démosles su tiempo para contestar, para dudar, para pensar.

​Todos esos son gestos bonitos que quedarán grabados y se podrán utilizar en la edición del vídeo.

 

 

4. Una acción es un cambio. Provoca los cambios.

 

Ya sé que suena tonto, pero cuando se trata de niños, y mucho más si hablamos de bebés, nos quedamos prendados de su propia existencia. Podríamos mirarlos horas y siempre descubrimos algo nuevo.

Cuando los grabamos, la cosa cambia un poco, porque luego hay que cortar y pegar eso con otros vídeos y que todo quede bonito y entretenido.

Y, hay que reconocerlo, hay pelis iraníes de camellos cruzando el desierto más animadas que algunos vídeos infantiles que pretendemos colar a nuestros allegados a la vuelta de vacaciones.

¿Entonces tenemos que poner al niño a pegar saltos cual gato escaldado para animar el asunto? Nooop, que ya hemos explicado más arriba que Manolito no va a hacernos caso por mucho que gritemos y agitemos brazos cámara en mano.​

​Y también hemos dicho que una acción es un cambio, y podemos provocar cambios naturales constantemente con pequeños gestos.

Un cambio en un bebé puede ser una sonrisa, un despertar, el movimiento de una mano o restregarse los ojos. Cuando se trata de niños más mayores, puede ser una mirada a la cámara, ver cómo se ata los cordones o cómo se acerca desde lejos para enseñarnos una piedra chula (sí, hay que esperar grabando a que el niño llegue desde lejos, y es entretenido porque es una acción, y es necesario porque un día querremos verlo y recordar cómo andaba o corría nuestro enano ansioso por enseñarnos algo.)

 

 

5. El escenario. Todo pasa en un contexto, grábalo.

 

Acabáramos, que resulta que podemos grabar más cosas que las tropecientas canciones y bailes que la niña se sabe al dedillo y sus performances en el salón*, fondo de pared mediante.

Y si os fijáis en todo lo que os cuento más arriba, viene siendo que la gracia está en grabar a tu prole en su día a día haciendo lo que siempre hacen de la manera en la que lo suelen hacer ¿Y eso no es mucho más aburrido que sacarles bailando Enrique Iglesias?

Pues una cosa no anula la otra, pero la vida de nuestros niños sucede en un entorno concreto y es bonito verlo, porque formará parte de los recuerdos que querremos mantener: cómo era su habitación, aquella playa preciosa donde aprendió a nadar, o lo guapérrimo que estaba su rincón de juguetes antes de que aprendiera a gatear el destroyer que tenías por hijo.

​La vida es bonita, y las casas desastradas forman parte de una infancia feliz, por si os sirve de consuelo. Grabadlos en su entorno, todo ganará fuerza y emoción.

Las paredes blancas de fondo sirven para los youtubers y para chulearnos de lo bien que hace karaoke el niño, pero cuando la canción de Shakira pase de moda, nos alegrará haberles grabado en otras situaciones más genuinas.

*Quien dice canción y baile dice truco de magia regulero o chiste interminable de jaimito ;)

 

 

6. Ahora que sabes qué y cómo grabar, deja de hacerlo un rato.

 

¡Sin obsesionarse! Que verlos en bucle en la tablet o compartir sus momentazos por wassap es guay, pero nuestros niños en directo molan mucho, y a veces los pobres se merecen estar con nosotros sin móviles mediante. Seguro que habéis vivido algún momentazo ridículo por intentar inmortalizar a los churumbeles y pedirles una pose tras otra sin parar ¡Es el karma audiovisual, queridos!

 

Aunque nos perdamos una escena digna de un Oscar, también hay que aprender a desintoxicarnos del registro compulsivo de nuestra vida entera. Nos lo agradecerán.

 

 

 

 

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