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Pimpampelis, la génesis

October 25, 2016

En los últimos meses me han preguntado mucho en qué consiste este proyecto, cómo nació y por qué me he embarcado en esta nueva etapa profesional. Siempre giro en torno a la misma idea, una reflexión que hoy quiero compartir con vosotros porque creo que es importante para entender nuestra filosofía. Por qué Pimpampelis se enfoca en esto y no en aquello, y por qué ofrecemos unos servicios tan concretos y al mismo tiempo tan abiertos, adaptándonos a vuestras necesidades y circunstancias personales.

 

 

El caso es que yo soy editora de vídeo, montadora o como quieran ustedes llamarlo. Es mi oficio desde que empecé a trabajar, y a lo que siempre vuelvo tras aventuras como guionista, directora, cámara o realizadora. Es lo que sé hacer, a veces al trote y a veces a paso caracol, según la música que me toque bailar desde que empecé esa otra aventura de tener hijos -hace ya seis años- sin prisa pero sin pausa.

Esto último me llevó entonces a trabajar casi exclusivamente desde casa, yo conmigo misma y mi amigo el mac. Y entre embarazo y embarazo (tres hijos como tres soles mediante) estuve cocinando a fuego lento la idea de combinar las dos cosas que realmente me hacen feliz, y así obtener oficio y beneficio, a la par que abandonaba el mundo del vídeo corporativo para empresas, asunto poco agradecido al que me había estado dedicando.

 

 

Y me decía yo en todo este proceso "Pues me apasiona editar vídeos, y tengo claro que lo mío es el documental ¿Qué más hago bien y qué me gusta hacer?” De niños sé un rato, y he perdido la cuenta de los vídeos que he montado para una extensa lista de familia y amigos. Regalos de cumpleaños, navidades, aniversarios, bodas, despedidas, bautizos... En casi cualquier evento de los últimos diez años ha habido un vídeo mío donde disfrutar de cómo crecen los pequeños, cómo cambiamos los mayores, o de la gente que nos ha dejado y que vuelven a tomar vida por arte de magia en la pantalla, para acompañarnos en los momentos más emocionantes.

 

 

Dicho y hecho, “esto empiezo a cobrarlo en vez de regalarlo y me monto en el dólar". Como veis reflexionando no tengo precio, soy muy de vender la piel del oso antes de matarlo. Pero oye, que si no, no se llega a ningún sitio en esta vida. Hay que creérselo, señoras. A los señores ya me dirijo implícitamente, pero es que nosotras tenemos déficit de creérnoslo, así que hay que decirlo más. Pues ahí estoy yo, con mi autoestima disparada y decidida. Y cada vez que explicaba mi entusiasta plan, el interlocutor iba al mismo punto: "Buff, qué guay, puede ser un regalazo. A mí me encantaría que me hicieras un vídeo de los niños con tooodo lo que tengo en el móvil, pero... a saber dónde tengo yo las cosas que he grabado, tengo un lío de carpetas… y no te digo de fechas. A ver si un día me pongo y te paso alguna cosa". Y ese día nunca llega…

 

 

Para aclarar, queridos, una editora es una persona sentada frente a un ordenador que agarra un material audiovisual que han grabado otros -lo normal es que sean horas y horas- y siguiendo un guión técnico, unas veces, otras construyendo el guión sobre la marcha, imagen por imagen, monta (como su propio nombre indica) una pieza terminada, con un ritmo, un sentido y una narrativa concreta. Para hacer esto, los montadores solemos ser gente paciente, escrupulosamente ordenada, y exageradamente detallista. Y nuestra tolerancia a la frustración está entrenada a prueba de bombas, ya querría yo que mis hijos tuvieran el autocontrol que se necesita para no echarse a llorar cada vez que un equipo implosiona o un disco duro muere, sin previo aviso, y todo el trabajo de días o meses muere con él.

 

 

¿Qué por qué os cuento esto? Para que entendáis que ordenar, limpiar los desenfoques, los temblores y los planos imposibles de vuestros vídeos caseros, en lo que parecen miles de horas infernales donde nunca ocurre nada, es mi trabajo, y no me cuesta. De hecho, esta es la clave del asunto.

En Pimpampelis recibimos tu disco duro lleno de todo lo que hayas encontrado en cada rincón de tu ordenador, móvil, memory stick o tarjeta microsd. A cambio, tú recibes, en un tiempo razonable, tu material limpio, en orden, en un sólo sitio y además, un precioso vídeo con lo mejor, con ritmo, sentido, y una historia concreta: la tuya. Tu historia personal, familiar. Vuestra vida en una capsulita para poder disfrutarla siempre, fácil de guardar y perdurable en el tiempo.

 

 

Hacemos el trabajo ingrato, queridas familias, y además disfrutamos un montón en el proceso. Porque no hay documental más grande que las “pequeñas” historias de vuestras casas. Y porque vivimos unos tiempos locos donde todo queda registrado, pero grabamos más de lo que miramos. Guardamos y acumulamos, y nunca hay tiempo para disfrutar de esos recuerdos que muchas veces no volvemos a mirar. No perdamos la memoria familiar, que nuestros niños tengan dónde acudir cuando, dentro de muchos años, quieran saber cómo sonaba nuestra risa.

 

 

¡Que el snapchat y el afán por lo efímero no nos quite la pasión de abuelas por mirar álbumes de fotos una y otra vez! Los recuerdos hay que tocarlos, y Pimpampelis los pone juntitos, bonitos y limpios. Para vosotros, para los que queréis y os quieren. Y para la vecina del quinto si hace falta, que aquí no hacemos ascos a nadie, oiga. Además hacemos unas cuantas cosas más, incluyendo esto mismo que os he contado, pero con formatos antiguos, desde el dvd, la minidv o el súper8. Pero esto ya son otras historias y otro día seguimos.

 

 

¿Habéis vivido de cerca el infierno del almacenaje digital de recuerdos en los tiempos modernos? ¿Estáis sepultados entre carpetas llamadas "fotos", "fotos01", "fotosfotos", "videosiphone", "iphonevideos"? Contadnos si también echáis de menos una varita mágica que acabe con la tortura y la falta de espacio. ¡En Pimpampelis estamos fabricando una a tu medida!

 

 

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