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Di no a la basura espacial

May 22, 2017

 

Hoy quiero contar muchas cosas diferentes que vienen siendo la misma cosa, la de siempre, así que vayamos por partes. Empezando por el final (y aunque cuando lleguéis al final no os lo parezca) este texto trata sobre conciliar, sobre ser una misma, ver crecer a tus hijos y al mismo tiempo sentir orgullo de tu trabajo, lo que viene siendo, si juntamos ambos asuntos,  vivir y disfrutar de la vida.

 

Y ahora que os he destripado la trama, sigo por el principio. La basura espacial. Este es un cutre-concepto que acuñé allá por el Pleistoceno Superior, concretamente en el año 5 a.m. (Era antes de Mikel, mi primogénito de 7 años, aclaro para aquellos que no dividan su vida en esta dicotomía pre-hijos y post-hijos y no controlen la nomenclatura blasfema que acabo de usar tan a la ligera). Echando cuentas, hace ya 12 años que me persigue esta idea.

 

Así que ya entonces, como iba diciendo, me tenía preocupada la cantidad de material audiovisual que yo misma contribuía a generar y ponía en circulación, ya fuera en ondas de televisión o expandiéndolo como el aceite vía internet.

 

En cualquier caso, yo siempre dividía mi trabajo entre cosas que molan para guardar en mi disco duro y enseñar en la posteridad a mis nietos y esas otras cosas que pasan a formar parte de la basura espacial que nos rodea nada más ser emitidas o compartidas en redes sociales. Que eran la mayoría.

 

Porque cuando editaba un vídeo, un reportaje, una entrevista o me curraba un vídeo corporativo soporífero, mi imaginación volaba a lugares lejanos, estratosféricos, y siempre pensaba en Hitler. Sí, en Hitler, que emitió la primera señal televisiva en directo de la historia. Y a poco que seáis aficionados al cine de contactos alienígenas, sabréis que siempre se juega con la idea de que el discurso del dictador alemán será lo primero que algún bicho de tres ojos súper avanzado detecte de nuestra civilización en una galaxia lejana, ya que desde entonces las ondas de esa señal televisiva vagan por el espacio interestelar sin fin.

 

Pero detrás de Hitler, cual ejército audiovisual del terror, yo siempre veo esos miles de millones de imágenes que hemos generado desde entonces, y pienso en que el 90% son vergonzosas*, en el mejor de los casos, si la cuestión es que una panda de alienígenas con ganas de conocer mundos se tenga que hacer una idea de qué clase de gente somos.

 

Y es que yo sé cuándo estoy haciendo basura espacial y sé cuando estoy haciendo algo que haría a nuestra civilización sonreír orgullosa diciendo “Sí, somos nosotros ¿A que molamos?”

Porque molamos, gente, y yo ahora hago pelis bonitas para gente que mola. No more basura espacial. Decidlo alto, reivindicaos. Con sortear cascotes de satélites abandonados y señales televisivas de todos los Gran Hermano del planeta ya se van a agobiar bastante los pobres extraterrestres.

 

Y no sólo lo hago por ellos, también por mi propia civilización, que yo soy muy así. Porque un día se nos caerá encima esa basura espacial y moriremos ahogados en material audiovisual inservible, que no perdura, que no habla de quiénes somos, que no nos hace mirar al otro con más amor o comprensión.

 

Claro que no soy Tarkovsky (buscad en la Wikipedia, él lo merece) ni Bergman, ni falta que me hace. Zapatero a tus zapatos. Yo hago pelis pequeñitas y no son ni mucho menos obras maestras, pero cambio la vida de la gente, lo que hago importa. Y dentro de muchos años seguirá importándole a tus nietos o a los hijos híbridos que hayan tenido con algún alienígena súper avanzado a la par que majo y divertido al que no le dio miedo visitarnos a pesar de nuestra pésima carta de presentación interestelar.

 

Di no a la basura espacial, di sí a las pelis bonitas que duran para siempre.

 

Y así termina la historia de por qué me siento orgullosa de decirles a mis hijos en qué trabajo cuando me ven remirar una peli tropecientas veces antes de entregarla a su destinatario.

 

 

 

*Nota de la autora: El 10% no vergonzoso que quedaría en esta estadística tan científicamente contrastada que me he inventado sobre imágenes vergonzosas corresponde a tooodo el cine bueno que ha emitido La2 en toda su existencia. Esto lo he hecho tras eliminar de la cuenta las pelis que dan a las 3:00 am, que esas ni les llegan a los extraterrestres.

 

 

 

Postpostdata: En la foto falta Telmo porque no existía, pero está el #equipopimpampelis en modo Halcón Milenario, preparado para recibir a cualquier alien que se presente. Identidades tipográficas diseñadas con amor por Diego Quijano.

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