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28 truquis dispares para grabar a tu familia o inspirarte en el intento. Parte I

May 17, 2019

Ya es mi tercera temporada siguiendo con fe ciega y devoción a Victoria Peñafiel en su reto #febrerosinedulcorantes vía Instagram. Ella nos invitaba cada día a inspirarnos con una palabra, un tema. Y este año he fagocitado su iniciativa llenando mi febrero con truquis que os ayudarán a grabar sin miedo las situaciones menos azucaradas, es decir, casi todas las de esta vida.

 

A continuación os recopilo la lista más ecléctica y desorganizada de trucos y consejos audiovisuales que podáis imaginar. Es decir, el resultado del experimento sin edulcorantes más improvisado de la historia. Y aviso, he empezado mintiendo, no hay 28. Son 21 porque yo a Victoria la sigo adonde haga falta con fe ciega y devoción, ella lo sabe. Pero nunca fui muy cumplidora con los deberes. Y sigo sin serlo ;)

 

 

Día 1. Despieza niños. Manos.


Está foto, además de atrapar al pobre Telmo como entre cuatro opresoras paredes, enseña sus manos en modo "Socorrooo, mi hermano me está arrastrando de los pies y tú, que eres mi maternal salvavidas, ahí con tu camarita y tus movidas de siempre, madre alienada". Sip, todo eso diría el muchacho si usara suficientes letras del abecedario.
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El caso es que, en momentos drama, grabar al churumbel llorando, con toda su cara llenando el plano, roza lo insensible y además nos llenará el plano de mocazos y babas. Es la ocasión de recurrir a planos detalle: manos apretadas, ojos acuosos, piernas encogidas... Resumiendo, despedazar al niño en planos es menos cruel (quién lo diría) y una forma más estética de enseñar sus flaquezas.
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Lo que está claro es q hay que guardar también esos momentos, que forman parte de lo bonito que recordaremos. Aunque para eso, queda dicho, no haga falta guardar los berreos ni las babas de desesperación de Manolito, Pepito o Mari Loli.

Día 2. Tírate al suelo. Contexto.

 

Hoy me he flipando mucho. Porque, cuando he abierto la puerta de mi habitación y me he encontrado el percal de la foto n°1, me he dado la vuelta y he decidido darme un baño con espuma, libro en mano y a puerta cerrada. Os lo dije, me he flipando. Pero mucho. Porque nadie ha gritado ni ha llorado ni ha entrado a meterse en mi bañera. Y eso es raro y da miedito.

Al salir me he encontrado con la foto n°2, ni tan mal. No sangre, no vísceras, no dramas.
"¿Y Mikel?" "No sé, liado con unos cables" Así que me he apresurado a comprobar que no hubieran colgado al mayor de una lámpara.


Y llegamos a la foto n°3, en la que me doy cuenta de que los tres están vivos -aunque uno pudiera estar aprendiendo a programar explosivos- y de que me puedo flipar más a menudo. Fijaos qué de cosas nos cuentan las escenas en las que grabamos a los bichos rodeados de su mundo. Además, mi manía patológica por los planos detalle lo agradece.

 

Tengo que esforzarme cuando grabo en casa para abrir el encuadre, pero tener a los niños grabaros en contexto me ayuda kilos al editar una peli. Conozco mejor a vuestra familia, le da aire y ritmo al montaje, y aporta ambiente y color. Así que viva el suelo, amiguis. Porque, recuerden ustedes, cuando hablamos de niños, el suelo y el contexto suelen ser la misma cosa.

 

 

Día 3. Una mala toma puede ser la mejor. Zurullos.

 

¿De qué diantres va este zurullo de foto? Pues desde hace un mes que en esta casa, si hacemos bizcocho, hay velas. Porque Telmo ha decidido que su cumple se puede celebrar cada finde y cree firmemente que en cualquier momento van a aparecer sus colegas de la guarde para festejarlo. Y si me apuras, los Reyes Magos, a los que invita como esperando finiquitar algo que el 6 de enero no terminó de cuajar. Y si hay velas hay foto. Hasta Telmo sabe eso.

Y este truqui va de cosas mal hechas y desenfocadas. Os contaré que video y foto no son la misma cosa, por suerte para mi. Y grabaciones que al primer golpe de vista os pueden parecer chungas, borrosas, mal iluminadas... Pueden ser resultonas porque enseñan algo importante, se escucha algo especial o sirven como recurso estético, por poner algunos ejemplos.

Y hasta que no te sientas a montar es muy osado juzgar que una escena no sirve por falta de calidad. No digo yo con esto que ahora me mandéis zurrullos sin miramientos, pero sí quiero que dejéis la autocensura a la hora de mandarme archivos, que podemos estar perdiendo tesoros.

 

 

Día 4. Montaje interno. Besos.

 

Éste era de mariposa y en modo selfie. Traigo un truqui fresco para el niño y la niña, para la madre pesada que busca besos de pestañas y para el padre que da abrazos como colisiones de trenes. Montaje interno es el concepto. Y con que os quedéis con la idea, yo contenta como unas castañuelas.


El montaje externo es eso de cortar planos y ponerlos uno tras otro. ¿Hasta ahí bien? Bien. Pero dentro de una acción, cuando grabáis, hay movimiento, por mínimo que sea, y eso también es un cambio, un ritmo, un golpe - como si de percusión audiovisual se tratara- que nos lleva a otra acción.


Incluso un beso de mariposa nos sirve para hacer montaje interno y llenar de fuerza una imagen. El movimiento de cabezas y el batir de esas pestañas prodigiosas hacen que vayamos del ojo de Mikel (que vigila la cámara con muy poca fe en la habilidad de su madre para sacar fotos con los ojos cerrados) a su ojo mariposa, en la penumbra, que al pegarse a mi cara lleva la atención directamente a mi momento zen.

¿Otros ejemplos menos sutiles? Alguien que corre de un lado al otro la escena, seguir la mano que comparte el bocata para enfocarnos en el que lo recibe, una mirada abajo para luego ver una hoja en el suelo... Movimientos internos, darlings. 
Si luego te topas con una editora muy pro que sepa apreciar estas cosillas, yo misma, por ejemplo, podremos usar esas bisagras visuales en la edición de la peli. Y a volar.

 

 

Día 5. Lo soso también cuenta. Frío.

 

Porque la imagen, muy emocionante, no es. Justo hoy hacía un solecillo madrileño de los que me reconcilian con la cuestionable idea que un día tuve de vivir en la zona cero de la capital con familia numerosa. Tanto me he reconciliado con Madrid que he bajado a comprar pilas y me he quedado en un banco con los ojos cerrados saludando al sol.

Y después de darle calorcito al alma y al cuerpo, al ver la flor gélida ésta que resiste lo que le echen, he visualizado el truqui. Aunque pueda parecer frío, soso o distante, hay elementos que, grabados de forma aislada, enriquecerán la peli mientras la cocemos. Porque aquí cocemos y enriquecemos, amigas.

Los insertos de detalles, objetos, cuadros en la pared, flores, plantas, juguetes... Incluso una página de un libro de texto, un crucigrama, un libro... Harán que me desquicie un poco con vuestro material, porque los planos que duran poco y no cuentan nada son odiosos de clasificar y no perder, pero también hará que parezcáis gente pro. Y lo más importante, hará más pro el resultado de vuestra peli.

Hacedme casito, porfa, que sois buena gente y tenéis fe. Grabar planos detalle sin acción mediante es algo que no hace la gente en un vídeo casero, y eso automáticamente significa que hacer lo contrario lo hará todo menos casero ¿Me estoy liando sola o se me entiende el asunto? Porque a veces os intento dar consejos y me salen jeroglíficos. A modo de resumen, graba y graba y graba al enano gateando, corriendo o pedaleando, pero acuérdate de grabar el pedal solitario o el peluche tirado en una esquina ¡De lo demás me encargo yo! 

 

 

Día 6. Lugares donde pasan cosas. Sofá.

 

Yo, que como realizadora soy experta en el perfil bueno de casi todo, os aseguro que éste es el perfil bueno de mi sofá. No querréis ver las pintas que tiene el pobre por el otro lado. Porque éste es el lugar de reunión habitual del equipo Pimpampelis, y los brainstormings de mi equipo pasan factura. De hecho podría ser literal, un día encontraré restos de cerebro en la tapicería. Y también entonces a la pregunta ¿quién ha dejado esto aquí? La respuesta será el silencio administrativo. Y yo me haré la loca.

Aceptamos hacerse la loca como truqui. Cuando hablamos de niños, grabar sin intervenir en absoluto en las acciones puede ser, además de cómodo, súper efectivo. Mirar desde la barrera, casi sin ser vista, y dejar que transcurra la acción. Digan ustedes no al intervencionismo audiovisual y dejen fluir el asunto.

Sólo hay que asegurarse un buen escenario donde vayan a pasar cosas, y qué mejor sitio que el sofá de nuestras oficinas centrales. Y un buen encuadre que permita ver toda la escena. Una vez tenemos ambas cosas, hincar pierna y a grabar. Ahora los bichos salen leyendo en absoluta armonía, pero quién sabe cuándo se pondrán a hacer lluvia de cerebros dejando todo perdido. Así que aquí me quedo, al filo de la noticia.

 

 

Día 7. Delante de la cámara. Y sonría, por favor.

 

Sonreír era la cuestión de hoy y ese es un tema muy serio. Tanto como dejar a un lado la cámara de vez en cuando y salir en el cuadro. Que sea un truqui muy obvio no significa que no siga siendo el gran reto pendiente del camarógrafo casero ¿Soluciones? Delegar funciones, dejar cámara fija y a grabar, palo selfie a lo loco... Esto último negaré haberlo dicho, of course.

Sea como fuere, salgan ustedes y sonrían, porque todo esto va de guardar recuerdos para siempre. Y los demás también saben darle al REC, aunque a veces nos cueste creerlo.

 

 

Día 8. Recuerdos memorables. Pantallas.

 

Mi chico el científico se ha montado un museo geológico y un PowerPoint sobre su colección de fósiles y minerales. "Por si alguien necesita la información toda junta" me dice, para que no tenga que investigar tanto como él. Esto me ha recordado mis ansias divulgadoras de la infancia y ha desatado mi memoria profunda, así que antes del truqui os suelto una historieta "de cuando".

De cuando mi padre se flipó y me instaló en ms-dos un juego de tablas de multiplicar que me hacía sentir como programadora de la NASA. De no poder ni tocar el yostick de mi hermano, ese con el que destruía sin parar la estrella de la muerte. De mi primer trabajo a ordenador para el cole y de la palabra tabular. De mi primera y única consola con su único juego de Jurasic Park que me pasé por delante y por detrás. De cómo pasé media universidad acumulando récords al Mario Car. O de cómo en los recreativos, si ganabas la partida te regalaban otra y te ahorrabas las 25 pts.

A veces olvidamos que las pantallas también son momentos de ocio que marcan hitos de la memoria y que merecen ser recordados ¿Por qué nos grabamos haciendo castillos de arena o jugando a la pelota pero no cuando los enanos baten un récord, desbloquean un nivel o crean su proyecto digital sobre el origen de los fósiles? Queridas, no menospreciemos el papel de las pantallas en nuestros buenos recuerdos de familia. Graben el rescacielos de Minecraft o su mejor coreografía de Just Dance. O lo que se tercie en sus casas, que algo se terciará.

 

 

Día 9. Mirar lo grabado con perspectiva. Descanso.

 

Dormir o no dormir. Esa es la eterna cuestión. Hay tantas formas de descansar... La mía es esperar a que todos duerman y robarle tiempo al descanso que quita ojeras para dárselo al descanso que las crea. Ya sé que somos legión por estos lares con esa mala costumbre y que en realidad llamo descanso a lo que viene siendo un tipo de insomnio, el de madre, el de mirarse los pies de madrugada, ese que se disfraza de tranquilidad elegida cuando en realidad es el causante de que el hastag #conmiradademadre vaya siempre acompañado #conojerasdeautónoma.

Confesión hecha. Y como sé que ya sois masters del universo grabando, nos toca truqui sobre edición de vídeo. Porque los videos también merecen un descanso, dejadlos reposar antes de decidir. Al fin y al cabo, editar es decidir: conservar, borrar, cortar o pegar. Y todo ese proceso sale mejor si tomas distancia.

Cuando está reciente, parece capital conservar las cuarenta caídas de la bici o los cien lanzamientos de tobogán. Le echas una segunda mirada y sabes qué vídeo es un tostón aunque pareciera apasionante y qué pequeño tesoro te había pasado desapercibido entre tanta emoción acumulada y reciente.

Resumiendo, no borréis a lo loco y tampoco me mandéis hasta la respiración de los grillos nocturnos mientras la nada precede a la nada que luego desembocará en que no pase nada tampoco. Desde el amor y el cariño os lo pido. Porque es como mirar pies en Instagram ¡Ahora a descansar!

 

 

Día 10. Inspirarnos para transpirar. Trabajo.

 

Yo cuento historias. Es mi trabajo. Sé leer emociones y plasmarlas para otros con imágenes en movimiento. Invento mil soluciones narrativas para un mismo problema. Y para eso hay que darle al coco.

Con el tiempo he aprendido que todo lo que tenga que ver con hacer mejor esto que sé hacer, también se llama trabajo. Y cuenta. Y he dejado de minusvalorar todas esas horas de leer, aprender, reflexionar, ver. Porque para mi trabajo son más importantes que el aire que respiro. Lo han sido siempre, tanto que en mis momentos más intensos de "crianza power” notaba que me quedaba sin aire, me asfixiaba sin remedio. La cultura en vena me da endorfinas, me quita penas, me abre ventanas y airea todo lo que trabajo de pico y pala en el ordenador.

Así que este truqui consiste en aprovechar un montón de cultura narrativa y audiovisual que hay a vuestras espaldas, trabajo ya hecho, para utilizarlo a vuestro favor. Es cuestión de fijarse en la tele, en el cine, en Netflix o lo que se tercie ¿Cómo? Siempre hay cuatro elementos que juntos hacen la magia:

  • Luz. Mirar dónde hay sombra, de dónde viene la luz o luces. Da frío, calor, es poca, mucha...

  • Encuadre. Dónde colocamos cámara y si lo hacemos en plano detalle, plano general...

  • Sonido. Importante y difícil, pero empezar a escuchar ya es un paso.

  • Acción. Qué pasa dentro del plano de principio a final, no sólo en medio.

Es tela, lo sé, pero fijaros mucho en estos detalles como espectadores y usar lo que os guste como inspiración es un comienzo prometedor.

 

 

Y hablando de comienzos, llegamos al final de la primera parte. Resulta que me ha quedado un decálogo, porque yo soy perfeccionista sin proponérmelo. La Parte II serán 11 truquis más rebosantes de sabiduría y disparidad.  Estén atentos o se lo perderán. Y lo dicho, usen lo que gusten como inspiración ¡Y a grabar!

 

 

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